Oración y Evangelio 20260126
OREMOS
Miro el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has fijado, ¿qué es el mortal para que te acuerdes de él, el ser humano para que de él te ocupes?
SALMOS 8:4-5
SEÑOR AMADO
En la memoria de San Timoteo y Tito, colaboradores que extendieron tu Palabra, te presento este día. Que como ellos, tenga la valentía de vivir mi fe en lo concreto: en el trabajo, en la familia, en cada encuentro. Que mi coherencia, unida y firme, sea el testimonio que hable de Ti sin necesidad de palabras, desmintiendo con amor toda división o falsa acusación.
Señor Jesús, hoy tu Evangelio me advierte contra la dureza del corazón que te rechaza a sabiendas. En mi vida diaria, eso se traduce en cerrar los ojos al bien, en atribuir malas intenciones, en la murmuración que divide. Te pido el don de tu Espíritu Santo: que ilumine mi mirada para reconocerte en el bien, por humilde que sea, y para construir unidad a mi alrededor.
AMÉN.
EvDH:”El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.”
Ver crecer y aumentar la Obra de Dios, es una alegría para el alma, y al mismo tiempo un desafío al trabajo pastoral efectivo. En el pasaje se lee como Jesús, de inicio, usa el principio de la “Sinergia”. Que es la suma del efecto combinado, o sea de dos personas (o más) que es superior a la suma de intentos y acciones individuales.
Hay toda una enseñanzas en el formato. Rambo es un invento de Hollywood. Y en la obra de Dios se pesca con red, no con caña. Aún así, Jesús deja claro que hay que pedir más trabajadores. Cada persona con su llamado y sus capacidades, pero sumando y sabiéndose cuerpo.
El operario de la mies que trabaja solo, corre el riesgo de creerse propietario de la mies.
Hoy obedecemos, y con nuestra oración pedimos, al Padre, al Dueño de la mies, que envíe más obreros, que el Espíritu Santo nos enseñe a recibirlos y ayudarles a hacer su parte en la gran mies de Dios.
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