Oración y Evangelio 20260117

OREMOS

Ya que de haber entrado en el descanso de Dios, también él descansaría de todos sus trabajos lo mismo que Dios descansó de los suyos.
HEBREOS 4:10 

SEÑOR JESÚS

Como Mateo en su banco de trabajo, yo también tengo mi puesto, mis obligaciones y mis rutinas. En medio de ellas, escucho tu llamado sencillo y directo: "Sígueme". Dame la prontitud para levantarme hoy y ponerme en camino detrás de ti, reordenando mis prioridades.

Hoy puedo juzgar o alejarme de quien considero "pecador". Recuérdame que tú eres el Médico, y que vienes a sentarte a la mesa precisamente con los que más necesitan. Que mi corazón sea acogedor y humilde, sabiéndome siempre un enfermo que necesita de tu misericordia.

AMÉN.


EvDH:”Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: "¿Por qué come con publicanos y pecadores?".
Jesús, que había oído, les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores".
En algún momento habría que cambiar la perspectiva de cómo se ven las cosas. 
La reacción de los escribas y fariseos es la de ¿por qué?, y ¿cómo es que come con publicanos y pecadores?
Siendo que la otra perspectiva es la de ¿qué hacen esos pecadores comiendo con Jesús?
Jesús hace la comparación del médico y los enfermos, lo que rebaja la pregunta a por ejemplo decir en forma ridícula ¿qué hacen esos enfermos con el médico?, y la inversa igual.
Sin más trámites… si hemos abierto nuestro corazón a Jesús, si lo hemos aceptado como Señor y Salvador, significa que reconocemos que estuvimos o tuvimos alguna enfermedad del alma que Él y solo Él vino a curar y a medicar. Si reconocemos su llamado, reconocemos que somos de los pecadores que respondimos a Su Llamado.
Si hoy vemos como perdidos o como enfermos desahuciados a los que están lejos, a los que no son como nosotros, a los que en nuestro “pecadómetro” ya están condenados y sin posible salida. Y si de paso también nos mantenemos lejos por miedo al contagio, o por alguna supremacía psicodélica espiritual, entonces los enfermos somos otros. Y no hay peor enfermo que aquel que no quiere curarse, o que sabiendo la cura y al curador, se niega a compartir la noticia del médico y del medicamento.
Pedimos al Espíritu Santo que nos ayude a estar ciertos y agradecidos siempre del llamado de Jesús y de todo lo que Él nos ha sanado desde entonces. Le pedimos que nos proteja de fiscalizar o ser aduananeros de La Misericordia de Dios. Que seamos asistentes del Médico del Cielo para estar siempre en el lugar y con las personas que Él nos envíe.

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