Oración y Evangelio 20260116

OREMOS

El Señor, tu Dios, está contigo; él es poderoso y salva. Se regocija por ti con alegría, su amor te renovará, salta de júbilo por ti.
SOFONÍAS 3:17 


SEÑOR JESÚS

Hoy vengo a ti cargado como el paralítico, consciente de mis parálisis interiores: el desánimo que me inmoviliza, la rutina que me ata. Confío en que tú ves primero la raíz de todo mal: el pecado. Por eso, mi primer anhelo esta mañana es escuchar tu palabra liberadora: "Hijo, tus pecados te quedan perdonados".

Ante las dificultades que parecen un techo infranqueable, dame la fe creativa y perseverante de esos cuatro hombres. Y cuando tu perdón me toque, dame la fuerza para levantarme, cargar con mi vida ordinaria y caminar hacia mi casa, mi trabajo, dando testimonio con mi vida renovada.

AMÉN.

EvDH:”Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.
Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.
Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados…
Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?
¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 
'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina’?”
El pasaje es inagotable, por donde se lea mucho se puede aprender.
La pregunta de Jesús es irónica y deja desarmados a sus críticos en ese momento. Pues a ninguna de las dos opciones le podían dar respuesta sin quedar en ridículo.
Dice el pasaje que “Al ver la fe de esos hombres” procedió a perdonar los pecados del hombre que llevaban entre todos. Leemos la fe que se suma, que se adhiere, que completa, y que invita a ser parte de llevar los frutos de la oración y el servicio a la realidad.  
Sabemos que un grano de fe puede mover montañas, leemos aquí que cuatro amigos pueden mover a un paralítico a recibir su perdón y alcanzar su sanidad.
Como ejercicio, pide al Espíritu Santo que te recuerde a esos hombres y mujeres que, sumados en su fe, su oración, y su sincera amistad, dan resultado en los frutos de tu vida, y da gracias de corazón a Dios por ellos.
Pidamos también que podamos ser de esos amigos que se suman con otros para poder cargar a los que necesiten de nuestra ayuda, oración y esfuerzo. Pidamos el Don de que se pueda contar con nosotros cuando Dios nos invite a la emocionante aventura de estar y de interceder.




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