Oración y Evangelio 20260115

OREMOS

Pues donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón.
MATEO 6:21 

SEÑOR JESÚS

Al terminar este día, te presento las fatigas que me postraron. Gracias porque tu mano, fuerte y cercana, me levantó para servir. Reviso mis horas: ¿fui un alivio para alguien, como tú lo fuiste para la suegra de Pedro?

Mientras todo duerme, recuerdo tu madrugada orando. Que mi descanso sea ese lugar solitario donde me encuentre contigo. Renueva en mí la misión clara: buscar primero tu Reino mañana. Que mi sueño confíe en que tú velas.

AMÉN.


EvDH:”Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:
"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a Él de todas partes.”
No hay mucho que pensar, eso de: “NO LE DIGAS A NADIE”, pasa a ser un imposible cuando de un milagro de amor se trata.  
Los leprosos eran considerados físicamente y espiritualmente impuros, el miedo al contagio era total y terrible. Estaban excluidos de toda vida civil y religiosa, eran parias (marginados, despreciados y excluidos), y tenían que abandonar sus hogares y familias para vivir con otros enfermos en las afueras del pueblo. Tenían que buscar comida en la basura. (Cualquier parecido con algún grupo actual, es… a propósito)
Y Jesús lo sana y lo libera de todo lo anterior.
Sabiendo esto, traigamos a la imaginación la acción de este leproso, que saltándose todas las prohibiciones se arrodilla delante de Jesús, al punto de hacerle decir “QUIERO, queda purificado”. 
Ni modo de no compartirlo y proclamarlo con todos. La regla es que cuando Dios hace un milagro, además de la alegría que causa, suelen complicarse algunas cosas, y se inicia el estira y afloje de ubicar al Sanador sobre la sanidad. De saber que Dios hace el milagro, pero tender a buscar a un dios “milagrero”.
Hoy pedimos al Espíritu Santo nos ser estorbo ni aduana para aquellas personas que aún como Iglesia podemos marginar en su querer acercarse a Jesús. Que siempre esté en nosotros la Acción de Gracias por habernos curado de nuestras respectivas lepras. Que podamos anunciar con Alegría que Dios Quiere lo mejor para cualquiera que se acerque a buscarlo.


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