Oración y Evangelio 20251230
OREMOS
Quien vive en Cristo es una nueva criatura; lo viejo ha pasado y una nueva realidad está presente.
2 CORINTIOS 5:17
SEÑOR AMADO
Al terminar este día, vengo a Ti como José y María al templo: presentándote lo vivido. Recibe mis logros y mis fallas, mis encuentros y soledades, como aquella ofrenda humilde de las tórtolas. Purifica mi corazón en el silencio de la noche.
Como Simeón, hoy he buscado verte en los brazos de lo cotidiano. Te doy gracias por los momentos de luz y consuelo. Si alguna espada de preocupación atravesó mi alma, en Tus manos la encomiendo. Ahora, en paz, puedo descansar porque mis ojos, de un modo velado, te han visto actuar. Tú eres mi Salvación.
AMÉN.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios.
Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.”
Es de llamar la atención como Ana y antes Simeón, tienen el Don de reconocer a Jesús, el Don de discernir y ser visionarios en la fe del llamado del niño que se presentaba en el Templo.
Solemos dejar de lado a los viejos, y junto con ellos su voz, su experiencia, y su sabiduría. Es más, en el argot popular, es normal que haya bromas o comparaciones con la “viejitas de la Iglesia”.
Pero aquí, con la acción del Espíritu Santo, ( o en todo caso, con el espacio para dejarlo hacer) encontramos a este par de ancianos llenos de Fe, llenos de la Esperanza que enseña que vale la pena esperar y ver la promesa de Aquel que lo prometió. (que es lo que la hace válida)
Hoy pedimos al Espíritu Santo nos ayude a escuchar, atender y aprender de la voz de los “viejos” (cosa muy relativa a la hora de la edad). Y que nos ayude a ser como Ana y Simeón, para que hasta el final de nuestros días, en este lado de La Eternidad, podamos ser luz y podamos compartir la Esperanza Viva que Dios nos consiguió en Jesús.
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