Oración y Evangelio 20251229

OREMOS

Y que el corazón de ustedes pertenezca íntegramente al Señor, nuestro Dios, cumpliendo sus preceptos y guardando sus mandamientos, como en este día.
1 REYES 8:61 

SEÑOR JESÚS

Al poner fin a este día, nos encomendamos a tu cuidado, como la Sagrada Familia en su huida a Egipto. Te confiamos las inquietudes que cargamos por los nuestros, los planes que se alteraron y los caminos inciertos que vislumbramos. Que, como José, podamos descansar en la certeza de que tu ángel vela por nosotros incluso en sueños.

Bendice nuestro hogar, Jesús de Nazaret. Gracias por la protección discreta de hoy, por los gestos de amor que nos sostuvieron. En el silencio de la noche, repara mis fragilidades y afianza nuestra confianza. Que al amanecer, cualquiera que sea la ruta, nos levantemos con la fe de que tú caminas con nosotros, guiándonos hacia la tierra de tu paz.

AMÉN.


EvDH:”Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, 
y esperaba el consuelo de Israel. 
El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley,
Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
"Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido,
porque mis ojos han visto la salvación”
Una vez más, El Espíritu Santo es nombrado en el desarrollo de la historia de Jesús. 
El buen Simeón, muy adelantado a su época, ya tenía al Espíritu Santo en él, al punto de llegar a recibir la promesa de no morir hasta haber visto al Salvador. 
Y la mayor prueba de eso, es que al ver al niño, lo reconoció y se puso a Alabar a Dios. No necesito verlo transfigurado o lleno de luz, envuelto en su cobijita y protegido por José y María tuvo la revelación.
Pablo escribiría después que nadie puede decir que Jesús es el Señor, si no es por reacción del Espíritu Santo, y aquí vemos el mejor ejemplo de eso. 1 Cor. 12,3
Hoy, confiadamente, pedimos al Espíritu Santo que nos conceda la certeza de haber encontrado al Salvador en nuestras vidas, para que cuando nos llame a Su Presencia esto nos acompañe en ese viaje final a Casa. Y también con Alegría le pedimos que nos tome en cuenta para que muchos, antes de morir, puedan encontrar a Jesús como su Salvador y su Señor. Que nuestro último respiro sea envuelto en Esa Paz, que el mundo no puede, ni sabe dar.

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