Oración y Evangelio 20250330
PADRE DE AMOR INAGOTABLE
Hoy me presento ante Ti como el hijo que regresa: herido por mis errores, pero esperando tu abrazo. Tu parábola me recuerda que nunca estoy lejos de tu misericordia. Te pido por todos los que, como el hijo menor, huyen de Ti pensando que su culpa es más grande que tu gracia. Dales la valentía de volver, y a los que, como el hermano mayor, sirven con resentimiento y no comprenden tu fiesta por los perdidos, abrázalos con tu ternura para que vean que todo lo tuyo es suyo.
Jesús, Tú que celebras cada regreso, rompe en mí la soberbia de creerme mejor que otros o la desesperanza de sentirme indigno. Hoy quiero vivir como hijo amado: libre para amar sin calcular, para perdonar sin condiciones, y para unirme a tu fiesta por los que resurgen de sus cenizas. Que mi vida sea, un reflejo de tu corazón que corre al encuentro de los que aún dudan ser dignos de llamarse «hijos».
AMÉN.
BUENOS DÍAS.
FELIZ Y BENDECIDO DOMINGO.
Al que no tuvo experiencia de pecado, Dios lo trató por nosotros como al propio pecado, para que, por medio de él, experimentemos nosotros la fuerza salvadora de Dios.
2 CORINTIOS 5:21
EvDH:”Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos…”
Se lee en la parábola que los dos hijos desperdiciaban, cada uno a su manera, el amor de su padre.
Uno por alejarse y dilapidar toda su fortuna, y el otro por solo cumplir y creer merecer, sin disfrutar en nada toda la riqueza del padre. Lo que lo deja lejano aunque esté cercano en lo geográfico.
En estos dos hijos debemos de vernos, de descubrirnos y de prevenir nuestro ser y vivir como hijos e hijas de Dios.
Es síntoma probado que cuando condenamos a los que están lejos, solo confirmamos que aún estando cerca, no disfrutamos y conocemos el Amor del Padre.
Pedimos al Espíritu Santo el Don de alegrarnos cuando veamos a alguno de sus hijos e hijas regresar a sus brazos. Al mismo tiempo, humildemente le pedimos nos libre de ser el hermano mayor de la parábola. Que la alegría del Padre sea la nuestra también, que descubramos todo lo que El Padre nos da y nos sigue dando, pues todo lo suyo, también es nuestro.
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