Oración y Evangelio 20250322

PADRE DE MISERICORDIA

     Al comenzar este día, vengo a Ti como un hijo que confía en tu amor inagotable. En las familias hay heridas que callan, y corazones que, como el hijo menor, se alejan buscando respuestas lejos de casa. Hoy te pido por los que están lejos, perdidos en el cansancio, el orgullo o la culpa: que tu mirada los alcance, como el padre de la parábola, y les recuerde que siempre hay un camino de regreso. Y por los que, como el hermano mayor, sirven con resentimiento, sintiéndose invisibles en su fidelidad: llénalos de tu paz, para que descubran que nada de lo tuyo se pierde, y que tu alegría es compartirnos todo.
     Señor, haz de nuestros hogares reflejos de tu abrazo compasivo. Enséñanos a perdonar como Tú perdonas, y a celebrar cada pequeña vuelta a casa. Que hoy, no olvidemos que somos familia: frágiles, pero amados; imperfectos, pero llamados a sanar juntos. Danos la humildad y la valentía para tender puentes donde hay muros. Que este día seamos testigos de que en Ti, Padre, siempre hay lugar en la mesa.

AMÉN.
BUENOS DÍAS.
FELIZ Y BENDECIDO SÁBADO.

Oración

Y Jesús añadió: — Dios hizo el sábado por causa del ser humano, y no al ser humano por causa del sábado.
MARCOS 2:27 

EvDH:”Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo.
Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola:
"Un hombre tenía dos hijos…”
Se le conoce más como la Parábola del hijo pródigo, y aunque este personaje ocupa la mayor parte de la narración, al final puede ser más claro recordarla como la parábola del Padre Amoroso. 
Lucas en su narración, al principio del pasaje, especifica que publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo, y que los reaccionan a eso son los fariseos diciendo "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos".
Este clásico síntoma de enfermedad del alma, no ha cambiado en siglos. Algo no está en su sitio cuando en nuestro radar lo que acostumbramos ver e identificar es a los demás como pecadores, perdiendo por completo la acción del Espíritu Santo, que no excluye a nadie y ofrece la Salvación a todos.
Casi supondría pensar que algunos al rezar el Ave María digan: “ruega por los otros, pecadores”. 
Ambos hijos cometen la misma falta: desperdician el amor de su padre, no saben ver, ni valorar el Amor que les tiene. El menor se aleja, y hasta que recapacita y entra en contacto consigo mismo, regresa a casa de su padre. El mayor, cumple, pero no disfruta, no se alegra por su hermano menor, pero tampoco se alegra por él mismo. 
Hoy pedimos al Espíritu Santo el Don de dejarnos amar por El Padre, de alegrarnos de ser sus hijos e hijas. Que sepamos, ademas de aprovecharlo, poder compartirlo con otros que lo buscan y lo necesitan, y que eso nos alegre y nos prepare para la gran fiesta del Cielo.

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