Oración y Evangelio 20250311
PADRE NUESTRO
Que estás en el cielo, al comenzar este día, te entrego con sencillez mis pasos y mis horas. Tú, que conoces lo que necesito antes de pedirlo, santifica mi rutina: que tu nombre brille en mis labores, tu Reino inspire mis elecciones y tu voluntad se cumpla en lo pequeño y lo grande. Dame el pan que alimenta mi cuerpo y el perdón que renueva mi alma. Ayúdame a soltar las ofensas, a no aferrarme al rencor, y a caminar con un corazón ligero, como Tú me lo enseñas.
Guarda mi mente de las distracciones que alejan la paz, y mi espíritu de las tentaciones que oscurecen el amor. Que en lo cotidiano -al trabajar, escuchar o servir- descubra lo sagrado de tu presencia. Hazme reflejo de tu misericordia en cada gesto, para que incluso lo ordinario se convierta en ofrenda. Confío en que, hoy y siempre, caminas a mi lado.
AMÉN.
BUENOS DÍAS.
FELIZ Y BENDECIDO MARTES.
Oración
Porque Cristo es la razón de mi vida, y la muerte, por tanto, me resulta una ganancia.
FILIPENSES 1:21
EvDH:”Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro..”
Dice el viejo refrán… “al buen entendedor… pocas palabras”.
Y en el caso específico de Dios, es mucho más que un buen entendedor.
Lo que sostiene toda esta enseñanza de Jesús es que desemboca y está basada en la relación,
en que sabemos que estamos y hablamos con EL PADRE.
Por nuestra humanidad tendemos a los dos extremos: a hablar de más, o a no saber qué decir.
Jesús especifica que todo esto empieza y se desata porque tomamos la decisión de orar. (Estar, ser, dejarlo habitarnos, compartir, amarlo y dejarlo amarnos…es inagotable)
Para nuestra tranquilidad, dice la Palabra que el mismo Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad, pues no sabemos orar como es debido; pero que Él intercede por nosotros con gemidos inefables, o sea, que van más allá de lo que las palabras pueden decir. (Romanos 8,26)
Hoy pedimos confiadamente al Espíritu Santo que nos ayude en nuestra oración, en nuestro estar con el Padre, que Él tome no lo que no sabemos, o podemos decir y lo haga oración delante del Padre. Que hoy, en los momentos que hagamos oración, nos acompañe esta certeza.
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