Oración y Evangelio 20260203
OREMOS
Aunque camine por valles sombríos no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan.
SALMOS 23:4
SEÑOR JESÚS
Hoy salgo al encuentro de mi día con las mismas súplicas urgentes de Jairo y la mujer enferma. Te presento mis angustias, esas zonas de mi vida o de mis seres queridos que parecen agonizar. Solo confío en que tu mirada amorosa las alcance. Dame la fe para tocar, aunque sea por detrás y en el tumulto de mis ocupaciones, el borde de tu manto, creyendo que tu fuerza sana puede fluir en lo más escondido de mi cansancio o mi debilidad.
En medio del ruido y los problemas que gritan que “ya es tarde” o que “no hay solución”, ayúdame a escuchar solo tu voz que me dice: “No temas, basta que tengas fe”. Toma de la mano lo que en mí parece muerto o dormido, y ordéname hoy también: “Levántate y camina”. Que con la sencillez de una niña, me ponga en pie y comience este día sostenido por tu palabra creadora.
AMÉN
se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".
Cada versión en El Evangelio de este pasaje tiene lo suyo.
En este de Marcos, Jesús pregunta ¿quién le ha tocado el manto?. ¡El manto! ¿Hasta dónde llega la fe de esta Mujer? que con este roce hace que Jesús sepa que alguien le ha tocado el manto hasta llegar a Su Poder de sanar.
La enseñanza permanece, esta Mujer es la evidente diferencia que hay entre rodear a Jesús y la de atreverse a tocarlo. Era prácticamente un mitin, Jesús venía rodeado y apretado por la gente, protegido por los discípulos, y sin duda no faltaría que alguien más lo quisiera tocar en plan mágico para ver que pasaba.
Finalmente, (en todas las versiones) le dice “HIJA, tu fe te ha sanado”. Con esta palabra Jesús le estaba sanando también de su alma, además de su cuerpo. Ella lo había perdido todo, y ahora Jesús le regresaba el título de hija, mostrándole que tenía Un Padre que la amaba y la hacía familia con Dios.
Hoy, humildemente pedimos al Espíritu Santo que nuestra oración toque a Dios, toque a Jesús. Sabiendo que al orar, Él es quien se a acercado a nosotros para dejarse tocar y de paso abrazarnos con Su Misericordia. Hoy ten la certeza que con tu oración tocas a Jesús.
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