Oración y Evangelio 20260207
OREMOS
Alégrense profundamente, hermanos míos, cuando se sientan cercados por toda clase de dificultades. Es señal de que su fe, al pasar por el crisol de la prueba, está dando frutos de perseverancia.
SANTIAGO 1:2-3
SEÑOR JESÚS
Hoy me recuerdas que soy sal. En la sencillez de mi hogar, mi trabajo y mis encuentros, dame la gracia de dar sabor: de preservar con paciencia, de dar alegría a la rutina, de ser ese toque esencial que hace la diferencia. No permitas que, por miedo o comodidad, me vuelva insípido y termine siendo pisoteado por la indiferencia.
Tú me llamas también luz. Que hoy no oculte bajo la olla de mis preocupaciones la llama que Tú encendiste en mí. Que brille con obras concretas: una palabra amable, un servicio callado, una verdad defendida con amor. Que toda mi jornada sea como una ciudad en el monte, un testimonio claro que solo apunte hacia Ti, para gloria del Padre.
AMÉN.
EvDH:”Ustedes son la luz del mundo.
No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.
Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón,
sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.
Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes,
a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.”
En los tiempos de Jesús meter una lámpara debajo de un cajón era ahogarla hasta que no hubiera oxigeno para que siguiera prendida. (o en todo caso era arriesgarse a un incendio, que implica fuego y no solo luz)
Jesús dijo que Él era La Luz del Mundo (Juan 8,12) y ahora nos pasa la misión de seguir alumbrando con nuestro ser y nuestro hacer a muchos, y que de paso eso glorifique al Padre.
En el contexto se lee “la luz que hay en ustedes”, eso es un descanso, pues no la producimos nosotros, sino que la dejamos brillar. Y también es un reto pues corremos el riesgo de apagarla del todo, o de esconderla hasta que deje de brillar.
Pedimos al Espíritu Santo que encienda, mantenga y acreciente la Luz que hay en nosotros, que simplemente podamos vivir nuestra Fe en el día a día, para que con lo que somos y hacemos le demos la Gloria a Dios, al Padre.
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